El hecho de que este personaje y que su apellido (Schindler) quedase asociado al heroico acto de salvar vidas durante la Segunda Guerra Mundial se le debe en gran parte a la repercusión del mencionado filme, pero, sin desmerecer la encomiable labor realizada por Oskar Schindler, durante esos mismos años hubieron otros muchos ejemplos de individuos que pusieron en peligro sus vidas y las de sus familiares por salvar a otras personas y que no han obtenido el reconocimiento mundial y popular que se merecen.

En este blog ya os he hablado de unos cuantos casos, como puede ser la historia del director del Zoo de Varsovia, junto a su esposa, salvaron la vida a 300 judíos perseguidos por los nazis, el célebre campeón ciclista que salvó la vida a 800 judíos italianos durante la IIGM, el curioso relato del científico que, gracias a los piojos, engañó a los nazis y logró salvar la vida a cientos de judíos polacos, la película italiana que sirvió para salvar la vida a 300 judíos a los que camuflaron como figurantes o el caso de  Eduardo Propper, el Schindler español.

Hoy os acerco la historia del diplomático mexicano Gilberto Bosques Saldívar, quien salvó más vidas que el mismísimo Oskar Schindler durante los años que duró la IIGM. Muchos de ellos fueron mexicanos que residían en Francia durante el conflicto militar; tiempo en el que había sido enviado como Cónsul General de México en el país galo.

Entre las más de 30.000 personas que fueron ayudadas por Gilberto Bosques Saldívar (algunas fuentes indican que incluso podrían haber llegado a los 40.000) también hubo un gran número de judíos franceses que necesitaban huir de su país tras la capitulación gala ante los nazis.

Pero el grueso mayor de personas a las que ayudó a huir desde Francia con destino a México (y otros países del continente americano) fue a miles de refugiados republicanos españoles que se habían exiliado al país vecino tras vencer la Guerra Civil el Bando Nacional.

Un gran número de esos republicanos (entre los que se encontraban familias enteras) habían sido apresados por los alemanes que ocuparon Francia a partir de junio de 1940  y enviados a campos de concentración, a la espera de ser extraditados a España tras solicitar la repatriación el gobierno del dictador Franco al presidente de la Francia ocupada Philippe Pétain (quien tenía una buena relación con la España franquista debido a que había ejercido allí como embajador entre marzo de 1939 y mayo de 1940).

Tras la ocupación alemana de París, Gilberto Bosques Saldívar fue cambiando de ubicación el consulado, con el fin de estar fuera del alcance de los nazis y poder gestionar los visados de todas aquellas personas que precisaban de su ayuda (inicialmente en Bayona y después desde Marsella).

A lo largo de tres años el diplomático mexicano se las arregló para ir cursando una visa para facilitar la salida de Francia a compatriotas, judíos perseguidos por el nazismo (e incluso por las propias autoridades francesas al mando del colaboracionista Pétain) y a los exiliados españoles.

Eso sí, cabe destacar que todo lo llevado a cabo por Gilberto Bosques fue realizad como un acto de Estado, debido a que contaba con el beneplácito y autorización del gobierno de México, presidido en aquellos años por Lázaro Cárdenas del Río y, el predecesor de éste, a partir de diciembre de 1940, Manuel Ávila Camacho.

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